CRISIS, TRAUMA, PÉRDIDA DE LA CONEXIÓN CON EL MUNDO INTERIOR

Lo pensaba ya mucho antes de empezar a escribir este articulo. En mi vida, en las vidas de las personas con quien trabajo o trabajé, hubo momentos de crisis fuertes. Es como un fracaso, del cual no hay salida, es cuando nada te da alegría, cuando no quieres nada, es una muerte, cuando el cuerpo sigue viviendo, cuando tienes muchas personas alrededor pero tu te sientes solo y los demás no entienden qué está pasando, porque es complicado de explicar. Es la noche oscura de alma…En estos periodos mucha gente contacta con psicólogos, otros intentan sobrevivir por su cuenta propia.
Lo pensaba ya mucho antes de empezar a escribir este articulo. En mi vida, en las vidas de las personas con quien trabajo o trabajé, hubo momentos de crisis fuertes. Es como un fracaso, del cual no hay salida, es cuando nada te da alegría, cuando no quieres nada, es una muerte, cuando el cuerpo sigue viviendo, cuando tienes muchas personas alrededor pero tu te sientes solo y los demás no entienden qué está pasando, porque es complicado de explicar. Es la noche oscura de alma…En estos periodos mucha gente contacta con psicólogos, otros intentan sobrevivir por su cuenta propia.

¿Cómo son estos estados? Hay crisis que tienen relación con la mitad de la vida, cuando los objetivos ya están conseguidos, hijos e hijas ya son mayores, y el alma empieza a pedir la atención. Lo divino llama a nuestra puerta, aparece el tema del sentido de la vida y de la búsqueda espiritual, pero a veces nos cuesta oír y comprender esta “Luz de llamada”, porque esta Luz refracta nuestros complejos, nuestros miedos, prejuicios, incredulidad. Pero en el momento de crisis empieza un viaje para conocernos a nosotros mismos, para reconocer nuestras partes oscuras; comienza la limpieza de nuestra ama. Al final de este viaje viene una comprensión profunda de uno mismo y de los demás, iluminación, el sentido de la presencia de la luz en nuestra vida.

Pero hay situaciones en las que el trauma guía la vida. El trauma nos atrapa en las situaciones que se van repitiendo, y que incluso varían a lo largo de la vida. Dentro de nosotros, vaciando el alma, se vive miedo, agresividad, perpetua sensación de derrota y desesperanza. Aquí el trauma maneja el mundo a través de nuestras enfermedades o de las de parientes cercanos, problemas con nuestros hijos, con nuestros padres o nuestra pareja. Establecemos metas, ponemos muchas fuerzas externas para resolver las situaciones, pero todo esto no se logra, o lo conseguimos en parte, pero a cambio de un alto precio en otras facetas de la vida. El trauma no deja a la felicidad estar presente en la vida, hay algo dentro de la persona que resiste a los cambios positivos. Son las defensas psicológicas que se habían formado como resultado de un trauma pasado y ahora nada puede entrar dentro y nada puede salir de la persona.

Al trabajar con el trauma de nuevo se reviven las situaciones traumáticas. Es tremendamente duro bajar a la profundidad del inframundo, al mundo de los muertos, al mundo de nuestros sentimientos muertos. Hay que llenarse de valor y revivir nuevamente el dolor, curando ese dolor y volviendo a sentir los sentimientos olvidados durante mucho tiempo, quitando las defensas que construimos para ello, y aceptando el dolor como parte inevitable de la vida. Bajando nuestras defensas empezamos a aceptar el dolor como inevitable ad de la vida. Esta experiencia, pero ya sentida y revivida, promueve encontrar nuestro propio camino en la vida y la liberación del alma de las cadenas de la muerte.

La llave para la resolución siempre está dentro de nosotros, como el tesoro qué esta escondido y hay que encontrarlo. Desafortunadamente, acostumbramos a vivir con defensas, actuando y reaccionando fuera. No prestamos atención a los síntomas que son mensajeros de nuestro interior, de nuestro verdadero “yo”, de nuestro alma que pide curación.