LA RELACIÓN DE PAREJA: AMOR O PODER

La pareja, el amor, el matrimonio, el amado, la amada, la esposa, el marido, el amante…. Muchas canciones, novelas y tragedias están escritas sobre el amor. “…Vivir sin amor puede ser que sea simple, pero decidme cómo sobrevivir sin amor…” dice una famosa canción. Es una parte importante de nuestra vida y parece que es una de las más vulnerables. Probablemente el mayor sufrimiento que tenemos es por amor. En el amor se sufre tanto, que la mayoría de defensas que construimos en este lugar y nuestra historia de amor serán el reflejo de cómo nos tratamos a nosotros mismos…
La pareja, el amor, el matrimonio, el amado, la amada, la esposa, el marido, el amante…. Muchas canciones, novelas y tragedias están escritas sobre el amor. “…Vivir sin amor puede ser que sea simple, pero decidme cómo sobrevivir sin amor…” dice una famosa canción. Es una parte importante de nuestra vida y parece que es una de las más vulnerables. Probablemente el mayor sufrimiento que tenemos es por amor. En el amor se sufre tanto, que la mayoría de defensas que construimos en este lugar y nuestra historia de amor serán el reflejo de cómo nos tratamos a nosotros mismos…

Buscamos una pareja y deseamos que el o ella curen nuestras heridas, pero el o ella quiere lo mismo. ¿Y qué obtenemos como resultado cuando se encuentran nuestras heridas con las suyas? ¿Quien va a curarlas…? Y después del período de pasión y de enamoramiento empezamos a dar pasos hacia la cercanía, y aquí empiezan a aparecer nuestras heridas, nuestras partes oscuras, nuestras partes infantiles que requieran aceptación y curación, pero aceptación y curación de nuestros padres y probablemente no de nuestra pareja. Pero hay reglas de la psique por las que todo empieza a salir fuera. Las reclamaciones dirigidas a nuestras madres y padres salen dirigidas hacia nuestros compañeros o compañeras, y de ellos hacia a nosotros.

En lugar de una verdadera cercanía en la relación aparece PODER, control y miedo. ¿De dónde viene todo esto? Cuando no tenemos nada en donde apoyarnos, queremos apoyarnos en algo que esté fuera, en este caso en nuestra pareja. Y decidimos: ahora no voy a renunciar, ahora todo lo que no logré vivir con mis padres, lo haré con él o con ella. Empieza la competición sobre quién es el mejor, quien tiene razón, quien es más listo, etc… Vemos la alteridad del otro y no podemos aceptarla, queremos por todos los medios subordinar y cambiar esta alteridad. Queremos ajustarla a nosotros mismos para evitar tener inquietud y miedo de lo que no conocemos y con lo que no sabemos convivir. Pero lo que es necesario, es intentar ver a nuestra pareja como a otra persona distinta, porque así expandiremos nuestro mundo. Hay que intentar ver el niño dentro de nuestra pareja, un niño muy distinto del nuestro.

Pero esto no llega fácilmente; las familias se convierten en dos niños ofendidos y heridos. Algunos hombres se sumergen en el trabajo o en la búsqueda de las relaciones románticas fuera, o empiezan a pasar el tiempo delante de la televisión o en redes sociales, o con videojuegos. Algunas mujeres se vuelven como hombres, muy activas, resolviendo los problemas, pero adquiriendo la imagen del sufrimiento, porque su mensaje suena: “Tengo que actuar así por tu culpa”. A veces empiezan a buscar la feminidad fuera, visitando los centros de belleza y gastando tiempo y dinero en la feminidad y la imagen exterior sin llenarse por dentro. O se concentran en sus hijos sin la felicidad en su matrimonio, etc.. Muchas personas se resignan con estas situaciones dramáticas acostumbrándose a vivir sin alegría, felicidad y Amor en la pareja, y sin profundidad en las relaciones. Muchas se separan y siguen con reclamaciones y demandas.

Pero si podemos parar, mirar alrededor, sacudir la cabeza, inspirar profundamente y preguntarnos: ¿Qué persona es en realidad mi compañero o compañera? ¿Qué tiene de especial que yo no tengo? ¿Por qué me enfado tanto con esto?

Y con nuestra visión de la otra persona empezamos a conocernos a nosotros mismos, empezamos a preguntarnos porqué me enfado o me alegro debido a la distinta forma de ser del otro.

Así viene poco a poco el reconocimiento de nuestra feminidad o masculinidad desde dentro, y no desde fuera. Porque todo lo que se construye desde fuera puede destruirse por fuerzas externas y solamente lo que se construye o integra por dentro dará el fundamento permanente de apoyarnos en nosotros mismos. Es importante comprender que una mujer da desde lo femenino a un hombre, y que un hombre entienda su verdadera masculinidad para ofrecérsela a una mujer. Entender que cada uno da y recibe en las relaciones de la pareja.

Es lo que nos hace diferentes lo que expande la percepción de nuestra vida y la hace más fácil. A disposición de la pareja existen dos formas de resolver las tareas de la vida, la femenina y la masculina. Con estas herramientas la vida de cada persona se construye mejor y más fácil.

Y así desaparece el poder y el control, desaparecen los que tienen razón y los culpables. Se unen lo femenino y lo masculino, ya no hay ningún deseo de poseer. El AMOR aparece en el lugar deL poder.